Muchos sabrán que el número 10 en el fútbol tiene un lugar especial. ¿Por qué?
El jugador número 10 es aquel jugador que normalmente es la pesadilla de su rival. Es ese jugador que el entrenador deberá intentar neutralizar para que así no le haga daño. Es aquel jugador que los defensas tendrán que marcar con el cuidado de no ganarse una tarjeta amarilla. El 10 es ese jugador que con un regate, un pase imposible o un tiro al ángulo le da la victoria a su equipo.
El 10 es el jugador que todos quieren ser. El que hace que el fútbol tengas mas fans. Es un mago con el balón, un jugador que ama el balón y el balón lo ama a él. Es un artista y enamora a todos los espectadores con su técnica, visión y creatividad, en fin enamora con su fútbol. El 10 le gusta lucirse, enseñarle a los demás que tiene una muy buena relación con él balón, una relación que a veces es enfermiza y muchas veces evidencia lo que llamo “el síndrome del 10”.
El síndrome del 10 es una condición que presenta algunas veces el jugador que porta este número, causa que el jugador no llegue a su máximo nivel, no juegue para el equipo y que poco a poco pierda protagonismo convirtiendo al número 10 en un jugador mediocre. Para evitar este mal he catalogado varios “síntomas” que se pueden detectar a tiempo para que de alguna manera podamos erradicar este mal.
Primero que todo se debe explicar que llevar el “10” no lo hace cualquier jugador, debido a todo lo anteriormente mencionado. El jugador que lleve el número 10 tiene que cumplir las expectativas y exigencias que la gente espera de el. Desde ese punto el número 10 ya tiene una responsabilidad y un peso en sus hombros que lo hace especial.
Síntoma#1
Ego descontrolado
Debido a su responsabilidad y exigencia, el número 10 empieza a tener un trato diferente al de cualquier jugador. Tanto por sus compañeros de equipo que lo admiran, como también su propio entrenador que lo cuida como si fuera su propio hijo. Debido a este trato diferente el ego del diez empieza a crecer desmesuradamente, lo chinean, lo defienden, el diez se vuelve intocable tanto en la cancha como en el equipo. Es un jugador que difícilmente para no decir imposible empezará un partido desde la banca o será sustituido. La prensa tendrá sus focos sobre él, los fans querrán usar su camisa, de repente ser el “10” empieza a ser una persecución, una enfermedad que crece debido a que el jugador empieza a creer que el mismo es casi un dios.
Síntoma #2
Juego de uno
El fútbol es un juego con una pelota y 22 jugadores que 11 de ellos son un equipo. Para que ese equipo funcione deberán trabajar en conjunto. Este síntoma del 10 es el más obvio y a veces es parte del jugador otras veces es un síntoma pero es el encaprichamiento del 10 con la pelota, donde simplemente no le da la gana dársela a nadie. De repente es solo él contra el mundo y no existe otro jugador en el campo. Parece como si su visión se nublara y pierda el oído por que por más que le griten sus compañeros y le pidan el balón el 10 no lo dará. Aún siendo increíblemente bueno siempre la perderá por que como ya mencione el fútbol es un juego en conjunto. Al perder el balón generará molestia y reclamos tanto de sus compañeros como de la misma afición. Esto si se vuelve muy repetitivo será el síntoma que hará al 10 caer en el olvido.
Síntoma #3
Invulnerable
El diez cree que su número lo hace invulnerable a todo, a que nadie le puede quitar el balón sin que le hagan falta (Se tirará una y otra vez pensando que le van a pitar, a veces le pitarán y otras no) hasta el mismo entrenador verá esa idea como posible y reclamará airoso que le pegan a su 10 y que el arbitro es injusto. Pero el entrenador sin saberlo está perjudicando a su jugador al hacerlo creer que le deben pitar siempre. Para el diez las reglan rigen diferente, al contacto mínimo el pedirá la falta y se enojará si el árbitro no lo cree así. Por que incluso siendo el fútbol un deporte de contacto el 10 cree que él es intocable.
Síntoma #4
Soy el mejor
El 10 se engolosina con el balón (que no lo quiere dar), a veces por que simplemente no creé en sus compañeros pensando en que como él es el mejor y lleva la 10, tiene todo el derecho de hacerlo todo solo. El síntoma fatal del 10 es cuando su capacidad para escuchar a los demás deja de existir. A partir de ese momento el 10 empieza a decaer, no escucha críticas de nadie incluso ni su entrenador.El 10 cree que él es un dios del fútbol y escuchará cualquier crítica como irrelevante.
Una vez que el jugador presenta estos 4 síntomas su carrera se estanca. Y probablemente no llegue a ser el jugador que todos creían que iba a ser, uno de esos jugadores que la gente recuerda siempre. Al final el 10 no pudo con la carga de ese gran número. No es solo culpa de su mentalidad de creerse todo lo que le dijeron, si no también es culpa de los medios que lo compararon con jugadores excepcionales. Es culpa de los aficionados que de forma casi espontánea lo subieron a un pedestal sin si quiera merecerlo. Es culpa de sus compañeros que dejaron de reprenderlo cuando perdía un balón y de su entrenador que se cansó de corregirlo o simplemente tuvo miedo de hacerlo. Es culpa de si mismo por que al fin y al cabo no pudo con ese número. Por que el 10 no es solo un jugador con mucha técnica, regate e inteligencia en el fútbol. El diez tiene que ser inteligente y saber primero que todo, que él es otro jugador parte de un equipo. Que debe trabajar para el equipo y con su habilidad hacerlo grande. Que lo van a patear mucho y no todas se las van a pitar. Entender que siempre se sigue aprendiendo a pesar de sus condiciones. Entender que a pesar de como muchos lo vean el número 10 es solo otro número en la cancha. Si el 10 creé todo esto y además tiene humildad y lucidez será un jugador que si pudo con la responsabilidad del número, que la camisa no le peso y debido a esto se volverá una leyenda.
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